miércoles, 16 de marzo de 2016

Oak island, la isla del tesoro

La isla de Oak (Roble), en Canadá, tiene montones de leyendas sobre posibles tesoros enterrados por los piratas que, en un tiempo, pulularon por la zona.

En un día de verano de 1795, tres chicos pensaron en ellas cuando se encontraron ante un hoyo de tierra circular, de tierra excavada ya sedimentada y bajo las ramas de un roble, de las que colgaban restos podridos de aparejos de un barco.

Eran tres amigos: John Smith, Daniel McGinnis y Anthony Vaughan. Al cavar sacaron en un principio tierra blanda que cubría un pozo, de duras paredes de arcilla. A los 60 centímetros encontraron una capa de piedras lisas, cortadas a propósito y de un tipo de piedra que no se encontraba en la isla. Evidentemente se encontraban ante un pozo construido a conciencia.

A los 3 metros hallaron una plataforma de troncos de roble, incrustada horizontalmente, pero no encontraron bajo ella el tesoro anhelado sino de nuevo tierra sedimentada. Era evidente que se trataba de una construcción trabajosa y nada apresurada.


A los 6 metros había otra plataforma de roble y debajo, de nuevo, tierra sedimentada. La decepción y el agotamiento les hizo desistir. Sin embargo no pudieron olvidar el enigmático pozo y años después, en 1803, participaron como miembros destacados en la expedición Onslow, que trató seriamente de aclarar el asunto.




Cada 3 metros aparecía una plataforma de roble, pero no idénticas. Algunas eran especialmente gruesas y reforzadas con fibras de coco, masilla y carbón vegetal.A los 27 metros encontraron una losa de pórfido, material prácticamente inencontrable no sólo en la isla del roble sino en toda Norteamérica. Y en la losa una inscripción en un alfabeto desconocido para todos los miembros de la expedición. En este punto hay varias hipótesis. Algunos expertos quisieron traducirlo en una frase un tanto pueril y absurda, basándose en un código de cifras sencillo, que diría: “trece metros más abajo están enterrados dos millones de libras”. Pero otros, como el profesor Barry Fell, un experto en lenguas antiguas, llegó a la conclusión de que se trataba de un dialecto copto mediterráneo, cuyo significado sería religioso.

A partir de entonces se especuló con el posible contenido del pozo, aventurando la posibilidad de que no fuera un tesoro lo enterrado allí, o al menos no un tesoro monetario, sino de otro tipo, o quizás una tumba de alguien especial. Incluso algunos especularon con la posibilidad de alguna relación con Egipto.

Al seguir excavando, a la altura de los treinta y pocos metros, el agua empezó a filtrarse en el pozo, pero ya atardecía y a pesar de que tocaban una nueva capa de algo duro, quizá otra capa de troncos de roble, decidieron que retomarían el trabajo al día siguiente.
Pero al día siguiente el agua había subido hasta 10 metros y seguía subiendo. Y dado que los miembros de la expedición eran gente de la zona, que no podía abandonar su trabajo más tiempo, se dieron por vencidos.
Durante los años siguientes hubo otras varias expediciones, con parecidos resultados. Y sus tres jóvenes descubridores siguieron participando en ellas hasta que murieron de viejos.
A lo largo del tiempo se descubrieron datos importantes y curiosos: una extensa zona de playa en Smith’s Cove era artificial. No sólo eso, tenía un sistema de desagües que abastecían túneles, conectados directamente con los niveles más bajos del dichoso pozo. Y a pesar de la tecnología moderna, se llegó a la conclusión de que parece imposible cortar el flujo del agua, porque además del agua de mar existen otras corrientes subterráneas muy potentes (se ha especulado con un pantano del centro de la isla, entre otras cosas)
En la ya citada zona de playa artificial de Smith’s Cove se han encontrado restos de inmensos troncos con lo que parecen inscripciones en números romanos, y se ha especulado con la posibilidad de que formaran parte de un dique para la construcción y excavación de todo ese sistema de canales, túneles y desagües.


Algunas expediciones trataron a su vez de construir algún dique para bloquear el túnel de agua principal, pero todos fueron destruidos por la fuerte corriente atlántica. Es decir se añadía un nuevo misterio: cómo lo consiguieron los constructores del dique primitivo. ¿Sencillamente porque el nivel del mar sería muy inferior?. En ese caso se tendría que hablar de mucho tiempo antes…
Las expediciones se han seguido sucediendo hasta ahora, sin lograr nada, excepto el encuentro con más detalles que aumentaban el misterio del dichoso pozo, como por ejemplo, lo obtenido en 1849 por una excavadora que subió a la superficie eslabones de una cadena de oro y un fragmento de pergamino, que dio lugar a nuevas y especulativas teorías queriendo vincular al lugar a uno de los personajes que siempre se quieren relacionar con todo tipo de misterios: Francis Bacon.
En 1897 volvieron a encontrarse restos de pergamino con borrosas iniciales o letras.
En 1967-69 se encontró madera del siglo XVI y un pedazo de latón muy antiguo.
En 1972 una cámara submarina captó lo que podrían ser un par de cofres en medio de todo un laberinto de túneles, lo que parecía un cadáver y hasta una mano cortada. Pero la visión no fue nada clara por lo turbio del agua debido a la gran cantidad de sedimentos y todo quedó en meras posibilidades.
Pero volviendo al siglo XIX nos encontramos con un personaje más o menos enigmático. Se trataba del capataz James Pitblado, que en 1849 robó algo que salió enganchado en la perforadora ante un testigo, que le pidió inútilmente que lo devolviera, o al menos lo enseñara. El capataz se negó, abandonó la isla, poco después trató de comprarla sin éxito y murió en un accidente laboral, al margen del pozo, y sin hablar de su descubrimiento.
Hablando de muertos surgió una leyenda que afirmaba que el misterio se resolvería cuando murieran 7 personas. En 1861 la explosión de una caldera mató a un hombre. En 1897 murieron otras dos personas. Y en 1965 las cuatro últimas en un mismo día. Y no es la única leyenda. Se empezó a hablar de apariciones extrañas de seres y animales, o fantasmas de soldados ingleses del siglo XVIII.
Para complicar más las cosas el geólogo Bob Dunfield utilizó una excavadora gigantesca para extraer toneladas de arcilla y lo que logró fue destruir detalles curiosos y significativos, como por ejemplo, un triángulo y un dibujo de piedras que parecían indicar la dirección del pozo desde las cercanías, que se había descubierto en 1897.
Un grupo de exploración (traducido: La Compañía de exploración de la Isla del Roble) ha comenzado a tratar los problemas de ingeniería globales de la excavación, llegando por ahora a la conclusión de que es imposible controlar las inundaciones subterráneas del pozo, que comunican directamente con el océano Atlántico, además de no entender las estructuras subterráneas de la isla.


Sea como sea las intenciones de los constructores son contradictorias. Por un lado convertir lo enterrado allí en inalcanzable y por otro señalar su ubicación… Como si lo importante fuera el efecto creado en la gente. No sólo despertar su codicia sino espolear la necesidad de misterios, que es igual o mayor en todos los seres humanos. Incluso tiene algo que me recuerda al pretexto típico utilizado por Hitchcock en sus películas. Es decir presentar al principio un detalle que, aparentemente, fuera el desencadenante de la historia, para enseguida abandonarlo para ser sustituido por otro motivo y otra trama. O, como en el poema de Itaca del poeta Kavafis, lanzar un señuelo que sirva de motor para ponerse en marcha, pero desvelar con el paso del tiempo que lo importante no es alcanzar ese objetivo sino el viaje en sí mismo. Es más, llegar a descubrir que lo deseable es que ese objetivo no se alcance nunca, para así prolongar el viaje hasta la muerte.
Y rozar así el sentido del sinsentido. Yo al menos me quedo con eso. Con tantas y tantas cosas que en la vida apuntan, una y otra vez, en esa misma dirección. Con lo cual espero que nunca se llegue al fondo del pozo. Pero si alguien tiene ganas de aventuras, ahí sigue la isla del Roble en la costa atlántica de Canadá, esperándole con todo el tiempo del mundo. Le deseo suerte y felices y enriquecedoras experiencias.




martes, 15 de marzo de 2016

Los tesoros artísticos que revelan la cultura de los celtas

Celta es una palabra con muchos significados, que ha evolucionado constantemente a través del tiempo.
Hace cerca de 2.500 años, los escritores griegos definieron como "bárbaros" a los celtas que vivían al norte de su mundo mediterráneo.
Hoy en día, reconocemos identidades y lenguajes celtas en lugares como Escocia, Irlanda, Gales y Bretaña.
Pero estos pueblos no dejaron nada por escrito; lo poco que sabemos sobre su historia quedó registrado por los griegos y los romanos.
Unos textos que proporcionan tan sólo un atisbo a un mundo que los autores de los manuscritos no lograron entender, y cuyas perspectivas demostraron ser muy influyentes.
Entre estos lugares y tiempos tan diferentes, yace una compleja historia que podemos desentrañar a través de los poderosos objetos decorativos que sobrevivieron a su época.
A estos objetos se les llama celtas y son el tema principal de la nueva exposición del Museo Nacional de Escocia.


Una ventana a su mundo


Los escritores del siglo XIX mezclaron fragmentos de historias clásicas con mitos medievales y pruebas arquológicas de lugares y tiempos muy diferentes, lo cual permitió construir la idea romántica de los celtas que permanece hoy.
Pero los objetos decorativos son una ventana hacia su mundo.
Lo que llamamos celta no era un estilo, sino varios, desarrollados y puestos en práctica a lo largo de más de 2.000 años, durante la Edad de Hierro, el auge y la caída del Imperio Romano, y la llegada del cristianismo.
El arte celta adoptó diferentes significados y usos en distintos periodos de tiempo.
El de la primera época, que data de la Edad de Hierro, se ve extraño a nuestros ojos, con sus diseños fascinantes y difíciles de entender.
La joyería de oro de Waldalgesheim (300 - 240 a.C.)
Rheinisches Landesmuseum BonnImage copyrightRheinisches Landesmuseum Bonn
Un descubrimiento significativo fue el entierro de una importante mujer en Waldalgesheim cerca del 320 a.C., con muchos objetos ricamente adornados.Vestía joyas de oro y bronce, y fue sepultada con vasijas de bronce.Un carro adornado la acompañó a su tumba.
La inusual decoración de estos objetos los convierte en algo extraordinario y muestra las conexiones a un mundo desconocido.
El casco con cuernos del Río Támesis (250 - 200 a.C.)

Museo BritánicoImage copyrightMuseo Britanico

El arte celta de la Edad de Hierro se contextualiza frecuentemente en el campo de batalla, con armas decoradas, escudos y cascos.
La decoración y el estatus eran tan importantes como la función práctica, y a veces incluso más que ésta última, como debió ser el caso de este casco con cuernos, encontrado en el Río Támesis, Londres.
La organización  del casco es una versión alargada de lo que se ve en los torques de la época.
La caldera de Gundestrup, Dinamarca (150 - 50 a.C.)
Museo Nacional de DinamarcaImage copyrightMuseo Nacional de Dinamarca

Se encuentra en el Museo Nacional de Dinamarca y es uno de los descubrimientos más misteriosos de la antigua Europa.
La magnífica caldera de plata de Gundestrup, Dinamarca, revela las conexiones entre comunidades a miles de kilómetros de distancia.
Y, aunque suele llamarse céltico, nos traslada lejos de cualquier idea simple sobre los celtas.
Muchas de sus escenas son fantasiosas pero incluyen objetos típicos de Europa occidental y central.
Su estilo sugiere que fue fabricada en el sureste de Europa (Bulgaria o Rumanía), donde abundaba la plata.
La cabeza del carnyx de Deskford (75 - 150 d.C.)
Image captionImagen cortesía del Museo Nacional de Escocia
Gran parte de lo que conocemos como arte celta consiste en versiones locales de una idea internacional.
Por ejemplo, el carnyx era un animal con un cuerno en su cabeza que se utilizaba en guerras y ceremonias para causar inspiración o terror.
Esta cabeza de carnyx de Deskford, Escocia, está decorada con un distintivo estilo de Caledonia.
El broche de Auldearn, (75 - 150 d.C.)
Image captionImagen cortesía del Museo Nacional de Escocia

Nuevos estilos de arte y artefactos, como broches con cabezas de animales, se utilizaron para definir nuevas identidades, que les diferenciaran de los romanos.
Un ejemplo es este reciente hallazgo, en 2014, de este torque de bronce y un broche romano-británico, encontrados cerca de Auldearn, Escocia.
El torque es el primero de este estilo en Escocia, mientras que el broche es una combinación de un ornamento de estilo celta en un broche romano.
Fue así como se creó el nuevo arte celta del primer periodo medieval.
La placa de plata con símbolos pictos (siglos VI - VII)
Museo Nacional de EscociaImage copyrightMuseo Nacional de Escocia

A partir del año 600 a.C., comenzaron a establecerse conexiones entre diferentes regiones y épocas.
Cuencos finamente decorados y otros objetos fabricados en los reinos del norte y del oeste acompañaban a los muertos en tumbas paganas de sus vecinos del sur.
Las técnicas de joyería se extendieron, entrelanzando ornamentos de Bretaña e Irlanda.
La cruz de Minifieth, Angus (siglo VIII)
Museo Nacional de EscociaImage copyrightMuseo Nacional de Escocia

El cristianismo unió todas las islas en una sola fe alrededor del año 650 d.C.
Y la diversidad de la herencia artística de Gran Bretaña e Irlanda expresó esta nueva creencia.
Nuevas formas de arte, como enormes cruces talladas en piedra y manuscritos iluminados con el mismo tipo de diseño, se extendieron por distintos lugares de Europa.
Cabeza de báculo de St Fillan de Glendochart (siglo XI)
Museo Nacional de EscociaImage copyrightMuseo Nacional de Escocia

Algunos objetos decorativos sobrevivieron siglos después de haberse fabricado, muchos de ellos gracias a las familias influenciables, que se convirtieron en los guardianes de estos tesoros sagrados, así como de los mitos y tradiciones asociadas a ellos.1.000 años después de la caída de Roma, la palabra celta vio reducido su uso.
Pero en el año 1.500 los académicos europeos redescubrieron los escritos celtas de los griegos y romanos, y trataron de vincular estas historias a sus conocimientos en arqueología, lenguaje y estilos artísticos.
Eran tiempos de cambio, especialmente en la recientemente unida Gran Bretaña, que luchaba por reconciliar sus divisiones lingüísticas, culturales y políticas.
El resurgimiento de lo celta dio lugar a un poderoso sentido de identidad compartida, que todavía abarca muchas de nuestras ideas sobre los celtas de hoy.


viernes, 11 de marzo de 2016

El tesoro más grande de la historia de la humanidad

Alarico, el líder de los visigodos, llegó a amasar una incalculable fortuna que, según expertos, se encuentra oculta en algún lugar de Cosenza, Italia.
En el año 410, a su mando, los visigodos ingresaron a la ciudad de Roma y la saquearon por completo: el tesoro más grande de la humanidad, que hoy equivaldría a 275.000 millones de euros, quedó en manos del rey de los visigodos, y ese mismo año se lo llevó a la tumba.
El historiador Jordanes cuenta que, para la construcción de un sepulcro que pudiera contener la inmensa fortuna de Alarico, fue necesario desviar temporalmente el curso de un río y cavar un pozo del tamaño de una basílica. Usando como pretexto el valor cultural y arqueológico de este tesoro, muchos a lo largo de la historia se han lanzado a su búsqueda. Uno de ellos fue nada más y nada menos que Adolf Hitler en 1937 el líder nazi envió a Cosenza al jefe de la SS, pero la misión resultó un fracaso.
Mario Occhiuto, actual alcalde de la provincia, propuso a las autoridades italianas aprovechar los avances de la tecnología para poder hallar finalmente las riquezas escondidas. Habiendo detectado cinco posibles ubicaciones, se realizarán profundos análisis del terreno a través de sondeos geomagnéticos y microondas.
Los investigadores se muestran confiados: es posible que, en muy poco tiempo, se revele ante nuestros ojos el tesoro más grande de la historia de la humanidad.


jueves, 10 de marzo de 2016

Tesoro arqueológico encontrado en sequía de Polonia



Los arqueólogos están teniendo un día de campo en el río más largo de Polonia, el Vístula, que a causa de una sequía ha bajado su nivel de agua. Esto les permitió descubrir un tesoro de diferentes antigüedades.
Encontrando piezas de mármol y fragmentos de fuentes, marcos de las ventanas, columnas, losas de hormigón, balas de cañón, Hubert Kowalski, un investigador del instituto arqueológico de la Universidad de Varsovia.
Los arqueólogos chapotean alrededor del Vístula, cuyo nivel ha caído a sólo 40 centímetros (16 pulgadas) en el centro de Varsovia - la más baja en más de 200 años.



Armado con detectores de todo tipo, los arqueólogos continúan con la búsqueda de objetos curiosos de a bordo de su barco inflable.
Los grandes arenales que sobresalen del agua dan al río la apariencia de un paisaje árido desierto. Pero para los arqueólogos, esto, es el paraíso.
Incluso las excavadoras son capaces de seguirlos en áreas que normalmente están fuera de los límites para las máquinas pesadas.
Con la ayuda de bombas de agua tomadas de los bomberos, los arqueólogos remueven capas de arena y guijarros para recuperar sus tesoros, a veces con la ayuda de grúas cuando los objetos resultan demasiado pesados.







martes, 8 de marzo de 2016

Investigaciones en Machu Picchu del Instituto Inkari revelan la existencia de un mausoleo inca con grandes cantidades de oro y plata.

¿Quién lo creería?

Millones de turistas, miles de arqueólogos han transitado frente a los muros que tal vez escondan el secreto mejor guardado de la arqueología peruana: la última morada del Inca Pachacútec.

Sin embargo, una jugarreta del destino permitió que el ingeniero francés, David Crespy, varado tres días en Aguas Calientes a causa de un huayco que le impedía regresar al Cusco, tuviera el tiempo del mundo para recorrer Machu Picchu de arriba para abajo. En una de esas caminatas se topó con una sólida muralla que, en su parte central, tenía una suerte de abertura.

“Esta es una puerta”, pensó Crespy inmediatamente, sin percatarse todavía que  unos turistas graciosos o iluminados, según como se vea, habían escrito en la piedra encima de la entrada la palabra “tesoro” y dibujado una flecha señalando la misma.

Crespy se contactó con los arqueólogos de la ciudadela, y estos le aseguraron que investigarían el asunto. Ya en Europa, el ingeniero francés continuó insistiendo, pero no recibió respuesta de parte de las autoridades. Incluso hizo gestiones en la embajada de Perú en Francia, y en el consulado de Barcelona, donde reside, pero manan, cero interés. Ya había pasado un año, y estaba a punto de tirar la toalla.


Fue entonces que leyó, en Le Figaro Magazine, un artículo de Thierry Jamin, arqueólogo francés obsesionado con el Paititi que realiza hace 15 años expediciones en el sureste peruano, y en su afán ha descubierto 113 sitios nuevos, varios de ellos en proceso de ser calificados como patrimonio cultural de la Nación, y le escribió un correo electrónico contándoles sus avatares y la loca idea de que Machu Picchu podía albergar un tesoro oculto.

Un poco escéptico -porque igual que otros investigadores, Thierry pensaba que ya todo estaba estudiado en Machu Picchu, al punto que cada piedra tiene un número-, se dirigió a la ciudadela Inca, y tuvo la misma impresión que su compatriota.

Sin pérdida de tiempo, el Instituto Inkari del Cusco, del cual Thierry es presidente, arma un proyecto para realizar una resonancia electromagnética en el edificio que Crespy identificó en Machu Picchu, y lo presentan el 19 de diciembre de 2011 al Ministerio de Cultura. El 22 de marzo de 2012 este proyecto es aprobado.

Inkari coordina entonces con el antropólogo Fernando Astete, jefe del Parque Arqueológico de Machu Picchu, con el propósito de establecer las fechas para llevar a cabo las resonancias.

Todo parecía marchar correctamente. Pero cuando iniciaron los trabajos el 12 de abril de 2012, fueron rodeados por una nube de empleados del Parque que tomaban fotos, hacían croquis y apuntes, grababan las conversaciones, filmaban todo, y preguntaban con insistencia. Esta conducta ciertamente iba en contra de la ética profesional y pasaba por encima del reglamento general de investigación dispuesto por el propio Ministerio de Cultura.

Al finalizar la jornada, Thierry fue a conversar con Astete, señalándole que lo sucedido no era normal. Al parecer esto no le gustó al jefe del Parque, porque al día siguiente impidieron el paso a los investigadores de Inkari aduciendo que uno de los números de serie de un aparato era incorrecto. 

Tuvieron que recurrir a las autoridades del Ministerio de Cultura para que los dejen ingresar nuevamente, y así poder concluir sus estudios.

A pesar de las trabas, los resultados fueron sorprendentes, más allá de lo imaginado. Usando georadares que les permitían tener una visión en 3D y analizar el subsuelo hasta 20 metros de profundidad, pudieron determinar la existencia de una gran cámara funeraria, con una considerable cantidad de oro y plata, y toda una estructura subterránea que alberga una decena de cavidades que suponen la existencia de igual número de sepulturas, algunas de ellas muy pequeñas que pueden corresponder a niños. 

También se ha certificado la existencia, detrás de la puerta de acceso, de una escalera forrada con una placa de oro, que conduce precisamente al recinto principal.

“El tiempo, la dedicación y el material utilizados en este edificio nos dicen que solamente pudo ser para una persona muy importante. No puede tratarse de un curaca o un sacerdote el que está enterrado allí, solo puede tratarse de la última morada de una panaca real, con muchas posibilidades de que sea la panaca de Pachacútec”, dice Thierry Jamin. 


 El arqueólogo Luis Lumbreras sostiene que Machu Picchu, además de ser un santuario y una ciudadela, fue el mausoleo del Inca Pachacútec. El cronista Juan de Betanzos señala que la momia de Pachacútec está en Patallacta (“al borde del abismo”), y para Lumbreras Patallacta debió ser el nombre que le otorgó el Inca a esta ciudadela, ya que nombrarla Machu Picchu (“cerro viejo”) no tiene mucho sentido. “Betanzos era un soldado español que se casó con doña Angelina, de la dinastía de Pachacútec, así que ella le habría dado los datos”, explica Lumbreras.


Pachacútec tenía 90 años al fallecer, de manera que la momia debe pertenecer a alguien muy viejo. Además hay cierta simbología que lo puede identificar, como el ajuar, un cetro, la vestimenta”, argumenta Thierry.Respecto a las características del muro que sella el mausoleo, el arqueólogo Daniel Merino, secretario ejecutivo de Inkari, señala que “lo primero que observé con las piedras que tapan el ingreso al recinto es que estas habían sido puestas de forma irregular, sin ningún tipo de argamasa. Esto quiere decir que por algún acontecimiento significativo en la región, decidieron taparlo de forma inesperada”.

La idea de que los incas cerraron el vano de acceso por una urgencia que tal vez se dio en la época de la Conquista es compartida por Thierry. “Probablemente los incas han escondido el tesoro del Cusco en momentos del caos de la caída del incanato. Pueden ser, y se me pone la piel de gallina cuando hablo de esto, tesoros traídos del Coricancha y otros templos sagrados”, dice el arqueólogo francés.

Hace pocos años, hubo arqueólogos que buscaban la tumba de Pachacútec en el Huayna Picchu, porque consideraban que ya todo había sido estudiado en la ciudadela misma. Se tenía la idea de que no era posible hacer un hallazgo de esta trascendencia en el principal monumento incaico. Pero, en realidad, los estudios sobre Machu Picchu se han limitado a temas de fallas geológicas o de conservación, pero no se ha investigado el subsuelo, y hay muchas galerías y socavones esperando la atenta mirada de los arqueólogos.

El informe del primer proyecto fue aprobado por el Ministerio de Cultura. Paralelamente el Instituto Inkari presentó un segundo proyecto, que esta vez si incluía excavación, necesaria para desentrañar este misterio histórico. Sin embargo, el 5 de noviembre de 2012, Ana María Hoyle, a cargo de la Dirección General de Patrimonio Cultural, deniega la autorización del segundo proyecto.


Para Thierry Jamin, la responsabilidad de esta negativa recae en Fernando Astete. “Para otorgarnos la buena pro para la apertura, en Lima necesitan una opinión técnica de los encargados del Parque de Machu Picchu, y como Fernando Astete sabe de la importancia del descubrimiento y quiere apropiarse del proyecto, no ha dado una opinión técnica imparcial”, aduce el investigador francés.
En realidad, Astete no firmó esta “opinión técnica” porque no es arqueólogo, la que lo hizo en su lugar fue Piedad Champi, directora del Parque, quien señala que el proyecto no está dentro de los lineamientos del Plan Maestro de Machu Picchu, dice que “poco o nada saben sobre conservación”, que la apertura del muro generaría “problemas de inestabilidad estructural”, y sugiere que Inkari anda en busca de metales preciosos sin tomar en cuenta el contexto histórico.


Daniel Merino refuta estas conclusiones y manifiesta que “nosotros cumplimos con el Plan Maestro, nos hubiera gustado que nos digan porqué creen que no lo hacemos. El proyecto está bien estructurado, con una buena hipótesis, adecuada metodología, y criterios científicos. Tenemos un equipo multidisciplinario competente, con buenos antecedentes, pero nos tratan como si fuéramos huaqueros. Son opiniones subjetivas. Y las consideraciones sobre conservación de Piedad Champi nos han sorprendido, porque difícilmente puede rebatir la experticia de una autoridad mundial en el tema como Víctor Pimentel, que pertenece al equipo de Inkari”

Respecto a la “inestabilidad estructural”, la defensa legal de Inkari indica que la arqueóloga Champi se atribuye calidades de ingeniero civil, competencia que no tiene. Y presentan un informe del ingeniero civil, César del Carpio, que garantiza que la apertura del muro no va alterar la estructura del recinto.

Thierry Jamin dice concretamente que “los georadares no mienten, no tenemos la culpa que a los arqueólogos de Machu Picchu, muchos de ellos con 20 o 30 años en el Parque, se les haya pasado por alto este descubrimiento”. Y añade: “queremos una reevaluación del proyecto por arqueólogos imparciales, independientes al equipo de Fernando Astete. No me parece moral ni profesional que nos quiten el proyecto”.

A principios de diciembre Inkari ha presentado una apelación, la cual debe resolver el ministerio en los días que corren. Sería una pena que lo que podría ser el hallazgo arqueológico más importante de las últimas décadas, se entrampe por pequeñeces distantes de la grandeza histórica de Machu Picchu.

Fuente:Rumbos del Perú
Escribe: Alvaro Rocha

lunes, 7 de marzo de 2016

La cámara detrás de la tumba de Tutankamón

 El ministro de Turismo de Egipto Hisham Zaazou, durante su visita a España, ha revelado información sobre la investigación de la cámara mortuoria oculta detrás de la tumba de Tutankamón, antes de los anuncios oficiales que se harán en abril. 
"Será un 'Big-Bang', el descubrimiento del siglo XXI", ha adelantado el oficial en una entrevista a ABC. Según él, la cámara no está vacía, sino que está llena de tesoros. "Reeves encontró una pared detrás de la tumba de Tutankamón que lleva a una habitación en la que se ha comprobado que hay metales, piedras... Está llena de tesoros. Ahora, con cámaras especiales hay que observar… Si aparecen los tesoros, se abrirá", ha precisado Zaazou. 
Una de las versiones propuestas por científicos es que se trata de la cámara mortuoria de Nefertiti. Acerca del asunto, el ministro ha señalado que "no se sabe si es Nefertiti u otra mujer... pero sí hay un tesoro. Será un momento histórico". 
El año pasado, realizando el escaneo láser de la tumba de Tutankamón, el egiptólogo Nicholas Reeves detectó lo que parecían ser dos puertas inexploradas que conducían a sendas cámaras selladas. La exploración inicial y la termografía infrarroja sugirieron la presencia de espacios vacíos, lo que apoyaría la hipótesis. El científico supone que detrás de una de las paredes se escondería la cámara funeraria de la legendaria reina egipcia Nefertiti, que nunca ha sido encontrada.