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La Flor de la Mar, fragata
portuguesa, construida en Lisboa durante 1502, con un peso de 400 toneladas, un
barco muy grande, el doble de tamaño de los barcos de esa época, y era como un
prototipo de barco que le costaba mucho maniobrar por su largo. Tenía tres
mástiles y seis velas. Se caracterizó por hacer las rutas más lejas y de mar
afuera y se caracterizaba por ser muy peligroso e inseguro en condiciones de
mucha carga, la vida útil fue mucho más larga de lo esperado porque se había
construido para un servicio sólo de cuatro años de trabajo y duró desde 1502
hasta cuando se hunde en 1511.
La historia naval de la nave
era impresionante ya que además participó en la batalla de Diu, la
subyugación de Goa y la captura de Malaca una de las ciudades más ricas
del mundo durante el año 1511. Capitaneado por Alfonso de Albuquerque, conocido
como “el grande”, “el terrible”, “el Cesar del Este” y “el león del mar”,
Alfonso fue un noble portugués, cuyos títulos incluyen el de Duque de Goa y
Gobernador de la India Portuguesa. Fue importante conquistador y fundador del
imperio Portugués.
El barco estaba cargado con
un vasto tesoro tomado de Malaca, así como los tributos del Rey de Siam, estos
llenaban hasta el tope todas las bodegas del buque, este tesoro incluía 60
toneladas de oro de la casa del sultán de Malaca, y 200 cofres de gemas que
contenían diamantes, rubíes y esmeraldas. Según varios relatos históricos
este era el mayor tesoro jamás reunido en la historia de la marina
portuguesa. Acompañado de otros cuatro buques La Flor de la Mar se embarcó
rumbo a Portugal, pero fue atrapado por una violenta tormenta en el Estrecho de
Malaca. El 20 de noviembre 1511 naufragó en los arrecifes de las costas de
Sumatra. El barco se partió en dos y muchos se perdieron en el mar y el tesoro
y muchos esclavos jóvenes desaparecieron entre las violentas olas de la
tormenta. Alfonso, sin embargo se salvó, saltó a un bote salvavidas junto a
cinco de sus oficiales, La ubicación exacta del naufragio es muy confusa,
probablemente debido a los que los mapas eran muy inexactos en aquella
época. Este tesoro es considerado el más rico y el más grande y todavía
no se encuentra.
Un cazador de tesoros,
Robert Marx, ha invertido mucho dinero tratando de encontrar la Flor de la Mar.
De acuerdo con declaraciones de Marx, ".Es el buque más rico jamás perdido
en el mar, con su bodega cargada con 200 cofres de piedras preciosas, diamantes
del pequeño tamaño de media pulgada en el tamaño del puño de un hombre. "Hasta
donde se sabe, nadie lo ha encontrado todavía.
La Isla de los Cocos, o simplemente la Isla del Coco como la conocen los buceadores-, es un legendario lugar del Océano Pacífico a unos cuatrocientos ochenta kilómetros al sudoeste de Costa Rica, país al que pertenece en la actualidad. Descubierta en 1526 por el navegante Joan Cabezas, desde el siglo XVII esta remota y solitaria isla empezó a adquirir fama de ser una fuente potencial de riquezas incalculables, una reputación que sigue viva, pues hay referencias históricas de que al menos los piratas ocultaron allí al menos tres tesoros o quizá más.
Uno de los primeros piratas que pasó por este pedazo de tierra fue el capitán inglés Edward Davis, que formaba parte del destacado grupo de bucaneros integrado, entre otros, por John Coxon, Bartholomew Sharp y William Dampier.
Los tesoros de Davis
Con su barco, el Bachelor’s Delight, Davis saqueó ciudades costeras españolas, como Guayaquil, en Ecuador, o León, en Nicaragua en 1685. Desembarcó en la bahía Chatham sus botines y los enterró en los alrededores. Muchos de sus hombres debieron hacer lo mismo, por lo que se cree que en esa zona hay enterrados varios tesoros menores. Davis amasó suficiente fortuna para retirarse temporalmente a Florida mientras estuvo en vigor la amnistía que el rey Jaime II concedió a los piratas. Después volvió a la piratería y desapareció misteriosamente alrededor de 1702. Se cree que terminó sus días en Jamaica y que no regresó a la isla a recuperar su tesoro. Acerca de la ubicación del tesoro de Davis sólo existen vagos y escasos datos.
En 1875 el marinero Bob Flower dio con uno de los tesoros menores de los hombres de Davis, al resbalar entre la maleza y caer por un pequeño desfiladero justo encima de uno. Salvo la vida y logró salir de ahí, pero no sin antes haber visto y recolectado unas monedas de oro. Tiempo más tarde intentó volver a aquel lugar, pero no dio con él.
El tesoro de Benito Bonito
Aquella remota isla también sirvió de escondrijo a otro pirata más de cien años después de la presunta muerte de Davis, el portugués Benito “Espada Sangrienta” Bonito. En 1819, Bonito se apoderó de un cargamento de oro que había partido del puerto mexicano de Acapulco y, al volver a Coco, lo escondió en la bahía de Wafer. Dos años más tarde el pirata murió en un enfrentamiento con un militar británico en las Indias occidentales y no pudo recuperar el tesoro.
Pero, a diferencia de Davis, Bonito dejó pistas sobre la situación del escondite. En 1880, el nieto de uno de los hombres que había navegado con Bonito enseñó el mapa de un tesoro a un aventurero alemán llamado August Gissler. Representaba una isla que el viejo pirata denominaba «Las Palmas». Gissler copió el mapa y, al cabo de ocho años, en Hawai, encontró otro. Comparando ambos, llegó a la conclusión de que la isla en cuestión era la de Coco.
Se fue a vivir allí y pasó diecinueve años buscando el tesoro. Durante ese tiempo padeció grandes penalidades, como el ataque de dos cruceros ingleses empeñados en apoderarse del posible botín. Los ingleses no encontraron nada y Gissler no tuvo más suerte que ellos. El único fruto de dos décadas de esfuerzos fue un doblón de oro y otras cinco monedas españolas de 1788. Gissler murió pobre en 1930, en la ciudad de Nueva York., tras jurar que no volvería a la isla después de un desafortunado accidente que acabo con la vida de su mujer.
Por una ironía del destino, en 1932, a los dos años de la muerte de Gissler, un ingeniero y zahorí llamado Clayton que utilizó para la búsqueda un detector de metales declaró haber hallado uno de los tesoros de Bonito. Según Clayton, el oro apareció más o menos en el lugar señalado en el mapa, lo que demuestra que al menos algunas cartas de navegación piratas son exactas.
Explora la historia de la mítica casa de joyería
rusa, creada por Carl Fabergé en el siglo XIX. Algunas piezas datan del siglo XVII y
contienen piedras preciosas, como gemas, esmeraldas y rubíes.
Los famosos huevos deFabergéson en realidad huevos de Pascua. El domingo de resurrección es la
mayor fiesta religiosa del año en los países de Europa del este, igual que para
nosotros la Navidad. El regalo más típico de esta época del año es el huevo de
Pascua porque simboliza larga vida.
Peter Carl Fabergésiguió la
trayectoria de su padre que erajoyero y concursó con varios diseños
en la Exposición Panrusa de Moscú en 1882 donde obtuvo el primer premio. Esto
hizo que el Zar Alejandro III se fijara en él y le encargara un añodespués la realización de un huevo de Pascua
para regalárselo a la Zarina María.
Fabergérealizó un
huevo con cáscara de platino que contenía dentro uno más pequeño de oro que
dentro tenía una gallina también de oro.
Este huevo-joya tuvo tanto éxito que
el Zar le encargó realizar uno nuevo cada Pascua. Cuando murió el emperador, su
hijo el Zar Nicolás II continuó con la tradición y cada domingo de Pascua le
regaló un huevo a su madre y otro distinto a su mujer la Zarina Alejandra.
Mirad elHuevoque
le regaló a su mujer con motivode su coronaciónrealizado
con esmalte de oro y diamantes engastadosque forman el escudo del águila
imperial. En su interior hay una réplica en oro del carruaje con el que
entraron en Moscú.
Los huevos deFabergésiempre contenían una sorpresa. Para
su realización utilizaba esmalteguilloché, metales como el oro y
piedras preciosas.Buscaba representar los colores de la
naturaleza simulando flores, plantas, insectos y pájaros siempre con el estiloart
nouveautípico de esa
época.
En 1898 le regaló a su mujer el
llamadoHuevo de los lirios del valle. Está realizado en esmalte rosa con perlas y diamantescon forma de lirios.Al presionar una perla de un lateral,
por la parte superior aparecen tres retratos pintados al óleo del Zar y sus dos
hijas mayores.
Fabergéfue nombrado orfebre y joyero de la corte imperial rusa y de otras
monarquías europeas. La Revolución Rusa acabó con su joyería y le hizo
refugiarse en Suiza hasta su fallecimiento.
De los 54 huevos imperiales deFabergésólo se conoce el paradero de 47. La mayoría siguen hoy
en día en Rusia. Además de los imperiales, fabricó otros huevos conocidos por
el nombre de los Huevos no imperiales para diversas personalidades de la época
como Alfred Nobel, los duques de Marlborough o los banqueros Rothschild.
La realización de huevos de Pascua decorados es un oficio muy antiguo en
Rusia pero fue Fabergé quien los transformó en un trabajo de orfebrería
excepcional convirtiéndolos en joyas intemporales.
Un procedimiento para detectar oro y plata de muestras
minerales en apenas cuatro días fue diseñadoy patentado por investigadores del
Instituto de Minerales de la Universidad Nacional de Colombia, con sede en
Medellín.
A pesar de
ser una actividad que genera ingresos al país, la explotación de este recurso
no cuenta con tecnología de punta que permita alcanzar mayor eficiencia y
sostenibilidad ambiental.Además, se promueve poco la innovación dentro de la cadena
de producción del oro”, explicó el investigador Moisés
Bustamante.
Una vez la
muestra mineral llega al laboratorio, se prepara a través de “un protocolo
estandarizado”; luego se aísla el oro nativo por medio de separación
gravitacional y, posteriormente,se funde la
muestra a alta temperatura para separar el oro y la plata.Por último, se extraen, purifican y
recuperan los metales preciosos por un procedimiento hidrometalúrgico.
Esta metodología desarrollada por el
Instituto de Minerales, según Bustamante, “permite una reducción del 70 por
ciento en la fuerza del trabajo y del tiempo en el análisis, pues de 15 días se
pasa a cuatro. Además, los errores estadísticos no superan el 3 por ciento en
la mayoría de los casos”.
Para
Bustamante, esta nueva tecnología permitirá precisar el potencial de las zonas
donde existen depósitos de oro y plata, y espera que las compañías legales realicen mayores
esfuerzos por extraer el oro que se pierde.
La isla de Oak (Roble), en
Canadá, tiene montones de leyendas sobre posibles tesoros enterrados por los
piratas que, en un tiempo, pulularon por la zona.
En un día de verano de 1795,
tres chicos pensaron en ellas cuando se encontraron ante un hoyo de tierra
circular, de tierra excavada ya sedimentada y bajo las ramas de un roble, de
las que colgaban restos podridos de aparejos de un barco.
Eran tres amigos: John
Smith, Daniel McGinnis y Anthony Vaughan. Al cavar sacaron en un principio
tierra blanda que cubría un pozo, de duras paredes de arcilla. A los 60
centímetros encontraron una capa de piedras lisas, cortadas a propósito y de un
tipo de piedra que no se encontraba en la isla. Evidentemente se encontraban
ante un pozo construido a conciencia.
A los 3 metros hallaron una
plataforma de troncos de roble, incrustada horizontalmente, pero no encontraron
bajo ella el tesoro anhelado sino de nuevo tierra sedimentada. Era evidente que
se trataba de una construcción trabajosa y nada apresurada.
A los 6 metros había otra
plataforma de roble y debajo, de nuevo, tierra sedimentada. La decepción y el
agotamiento les hizo desistir. Sin embargo no pudieron olvidar el enigmático
pozo y años después, en 1803, participaron como miembros destacados en la
expedición Onslow, que trató seriamente de aclarar el asunto.
Cada 3 metros aparecía una
plataforma de roble, pero no idénticas. Algunas eran especialmente gruesas y
reforzadas con fibras de coco, masilla y carbón vegetal.A los 27 metros encontraron
una losa de pórfido, material prácticamente inencontrable no sólo en la isla
del roble sino en toda Norteamérica. Y en la losa una inscripción en un
alfabeto desconocido para todos los miembros de la expedición. En este punto
hay varias hipótesis. Algunos expertos quisieron traducirlo en una frase un
tanto pueril y absurda, basándose en un código de cifras sencillo, que diría:
“trece metros más abajo están enterrados dos millones de libras”. Pero otros,
como el profesor Barry Fell, un experto en lenguas antiguas, llegó a la
conclusión de que se trataba de un dialecto copto mediterráneo, cuyo
significado sería religioso.
A partir de entonces se
especuló con el posible contenido del pozo, aventurando la posibilidad de que
no fuera un tesoro lo enterrado allí, o al menos no un tesoro monetario, sino
de otro tipo, o quizás una tumba de alguien especial. Incluso algunos
especularon con la posibilidad de alguna relación con Egipto.
Al seguir excavando, a la
altura de los treinta y pocos metros, el agua empezó a filtrarse en el pozo,
pero ya atardecía y a pesar de que tocaban una nueva capa de algo duro, quizá
otra capa de troncos de roble, decidieron que retomarían el trabajo al día
siguiente.
Pero al día siguiente el
agua había subido hasta 10 metros y seguía subiendo. Y dado que los miembros de
la expedición eran gente de la zona, que no podía abandonar su trabajo más
tiempo, se dieron por vencidos.
Durante los años siguientes
hubo otras varias expediciones, con parecidos resultados. Y sus tres jóvenes
descubridores siguieron participando en ellas hasta que murieron de viejos.
A lo largo del tiempo se
descubrieron datos importantes y curiosos: una extensa zona de playa en Smith’s
Cove era artificial. No sólo eso, tenía un sistema de desagües que abastecían
túneles, conectados directamente con los niveles más bajos del dichoso pozo. Y
a pesar de la tecnología moderna, se llegó a la conclusión de que parece
imposible cortar el flujo del agua, porque además del agua de mar existen otras
corrientes subterráneas muy potentes (se ha especulado con un pantano del
centro de la isla, entre otras cosas)
En la ya citada zona de
playa artificial de Smith’s Cove se han encontrado restos de inmensos troncos
con lo que parecen inscripciones en números romanos, y se ha especulado con la
posibilidad de que formaran parte de un dique para la construcción y excavación
de todo ese sistema de canales, túneles y desagües.
Algunas expediciones
trataron a su vez de construir algún dique para bloquear el túnel de agua
principal, pero todos fueron destruidos por la fuerte corriente atlántica. Es
decir se añadía un nuevo misterio: cómo lo consiguieron los constructores del
dique primitivo. ¿Sencillamente porque el nivel del mar sería muy inferior?. En
ese caso se tendría que hablar de mucho tiempo antes…
Las expediciones se han
seguido sucediendo hasta ahora, sin lograr nada, excepto el encuentro con más
detalles que aumentaban el misterio del dichoso pozo, como por ejemplo, lo
obtenido en 1849 por una excavadora que subió a la superficie eslabones de una
cadena de oro y un fragmento de pergamino, que dio lugar a nuevas y
especulativas teorías queriendo vincular al lugar a uno de los personajes que
siempre se quieren relacionar con todo tipo de misterios: Francis Bacon.
En 1897 volvieron a
encontrarse restos de pergamino con borrosas iniciales o letras.
En 1967-69 se encontró
madera del siglo XVI y un pedazo de latón muy antiguo.
En 1972 una cámara submarina
captó lo que podrían ser un par de cofres en medio de todo un laberinto de
túneles, lo que parecía un cadáver y hasta una mano cortada. Pero la visión no
fue nada clara por lo turbio del agua debido a la gran cantidad de sedimentos y
todo quedó en meras posibilidades.
Pero volviendo al siglo XIX
nos encontramos con un personaje más o menos enigmático. Se trataba del capataz
James Pitblado, que en 1849 robó algo que salió enganchado en la perforadora
ante un testigo, que le pidió inútilmente que lo devolviera, o al menos lo
enseñara. El capataz se negó, abandonó la isla, poco después trató de comprarla
sin éxito y murió en un accidente laboral, al margen del pozo, y sin hablar de
su descubrimiento.
Hablando de muertos surgió
una leyenda que afirmaba que el misterio se resolvería cuando murieran 7
personas. En 1861 la explosión de una caldera mató a un hombre. En 1897
murieron otras dos personas. Y en 1965 las cuatro últimas en un mismo día. Y no
es la única leyenda. Se empezó a hablar de apariciones extrañas de seres y
animales, o fantasmas de soldados ingleses del siglo XVIII.
Para complicar más las cosas
el geólogo Bob Dunfield utilizó una excavadora gigantesca para extraer
toneladas de arcilla y lo que logró fue destruir detalles curiosos y
significativos, como por ejemplo, un triángulo y un dibujo de piedras que
parecían indicar la dirección del pozo desde las cercanías, que se había
descubierto en 1897.
Un grupo de exploración
(traducido: La Compañía de exploración de la Isla del Roble) ha comenzado a
tratar los problemas de ingeniería globales de la excavación, llegando por
ahora a la conclusión de que es imposible controlar las inundaciones
subterráneas del pozo, que comunican directamente con el océano Atlántico,
además de no entender las estructuras subterráneas de la isla.
Sea como sea las intenciones
de los constructores son contradictorias. Por un lado convertir lo enterrado
allí en inalcanzable y por otro señalar su ubicación… Como si lo importante
fuera el efecto creado en la gente. No sólo despertar su codicia sino espolear
la necesidad de misterios, que es igual o mayor en todos los seres humanos. Incluso
tiene algo que me recuerda al pretexto típico utilizado por Hitchcock en sus
películas. Es decir presentar al principio un detalle que, aparentemente, fuera
el desencadenante de la historia, para enseguida abandonarlo para ser
sustituido por otro motivo y otra trama. O, como en el poema de Itaca del poeta
Kavafis, lanzar un señuelo que sirva de motor para ponerse en marcha, pero
desvelar con el paso del tiempo que lo importante no es alcanzar ese objetivo
sino el viaje en sí mismo. Es más, llegar a descubrir que lo deseable es que
ese objetivo no se alcance nunca, para así prolongar el viaje hasta la muerte.
Y rozar así el sentido del
sinsentido. Yo al menos me quedo con eso. Con tantas y tantas cosas que en la
vida apuntan, una y otra vez, en esa misma dirección. Con lo cual espero que
nunca se llegue al fondo del pozo. Pero si alguien tiene ganas de aventuras,
ahí sigue la isla del Roble en la costa atlántica de Canadá, esperándole con
todo el tiempo del mundo. Le deseo suerte y felices y enriquecedoras
experiencias.
Celta es una palabra con muchos significados, que ha
evolucionado constantemente a través del tiempo.
Hace
cerca de 2.500 años, los escritores griegos definieron como
"bárbaros" a
los celtas que vivían al norte de su mundo mediterráneo.
Hoy
en día, reconocemos identidades y lenguajes celtas en lugares como Escocia,
Irlanda, Gales y Bretaña.
Pero
estos pueblos no dejaron nada por escrito; lo poco que sabemos sobre su
historia quedó registrado por los griegos y los romanos.
Unos
textos que proporcionan tan sólo un atisbo a un mundo que los autores de los
manuscritos no lograron entender, y cuyas perspectivas demostraron ser muy
influyentes.
Entre
estos lugares y tiempos tan diferentes, yace una compleja historia que podemos
desentrañar a través de los poderosos objetos decorativos que sobrevivieron a su época.
A
estos objetos se les llama celtas y son el tema principal de la nueva
exposición del Museo Nacional de Escocia.
Una ventana a su mundo
Los escritores del siglo XIX
mezclaron fragmentos de historias clásicas con mitos medievales y pruebas
arquológicas de lugares y tiempos muy diferentes, lo cual permitió construir la idea romántica de los celtas que
permanece hoy.
Pero los objetos decorativos son una ventana hacia
su mundo.
Lo que llamamos celta no era un
estilo, sino varios, desarrollados y puestos en práctica a lo largo de más de
2.000 años, durante la Edad de
Hierro, el auge y la caída del Imperio Romano, y la llegada del cristianismo.
El arte celta adoptó diferentes significados y usos
en distintos periodos de tiempo.
El de la primera época, que data de la Edad de
Hierro, se ve extraño a nuestros ojos, con sus diseños fascinantes y difíciles
de entender.
La
joyería de oro de Waldalgesheim (300 - 240 a.C.)
Image copyrightRheinisches Landesmuseum Bonn
Un descubrimiento significativo fue el entierro de
una importante mujer en Waldalgesheim cerca del 320 a.C., con muchos objetos
ricamente adornados.Vestía joyas de oro y bronce, y fue sepultada con vasijas
de bronce.Un carro adornado la acompañó a su tumba.
La inusual decoración de estos objetos los convierte
en algo extraordinario y muestra las conexiones a un mundo desconocido.
El casco con cuernos del Río Támesis (250 - 200
a.C.)
Image copyrightMuseo Britanico
El arte celta de la Edad de
Hierro se contextualiza frecuentemente en el campo de batalla, con armas
decoradas, escudos y cascos.
La decoración y el estatus eran tan importantes
como la función práctica, y a veces incluso más que ésta última, como debió ser
el caso de este casco con cuernos, encontrado en el Río Támesis, Londres.
La organización del casco es una versión alargada de lo que se
ve en los torques de la época.
La caldera de Gundestrup, Dinamarca (150 - 50 a.C.)
Image copyrightMuseo Nacional de Dinamarca
Se encuentra en el Museo Nacional
de Dinamarca y es uno de los
descubrimientos más misteriosos de la antigua Europa.
La magnífica caldera de plata de Gundestrup,
Dinamarca, revela las conexiones entre comunidades a miles de kilómetros de
distancia.
Y, aunque suele llamarse céltico, nos traslada lejos de cualquier idea
simple sobre los celtas.
Muchas de sus escenas son fantasiosas pero incluyen
objetos típicos de Europa occidental y central.
Su estilo sugiere que fue fabricada en el sureste
de Europa (Bulgaria o Rumanía), donde abundaba la plata.
La
cabeza del carnyx de Deskford (75 - 150 d.C.)
Image captionImagen cortesía del Museo Nacional de Escocia
Gran parte de lo
que conocemos como arte celta consiste en versiones locales de una idea
internacional.
Por
ejemplo, el carnyx era un animal con un cuerno en su cabeza que se utilizaba en guerras y ceremonias para
causar inspiración o terror.
Esta cabeza de
carnyx de Deskford, Escocia, está decorada con un distintivo estilo de
Caledonia.
El broche de Auldearn, (75 - 150 d.C.)
Image captionImagen cortesía del Museo Nacional de Escocia
Nuevos
estilos de arte y artefactos, como broches con cabezas de animales, se
utilizaron para definir nuevas
identidades, que les diferenciaran de los romanos.
Un ejemplo es este
reciente hallazgo, en 2014, de este torque de bronce y un broche
romano-británico, encontrados cerca de Auldearn, Escocia.
El torque es el
primero de este estilo en Escocia, mientras que el broche es una combinación de
un ornamento de estilo celta en un broche romano.
Fue
así como se creó el nuevo arte
celta del primer periodo medieval.
La placa de plata con símbolos pictos (siglos VI -
VII)
Image copyrightMuseo Nacional de Escocia
A
partir del año 600 a.C., comenzaron a establecerse conexiones entre diferentes regiones y épocas.
Cuencos finamente
decorados y otros objetos fabricados en los reinos del norte y del oeste
acompañaban a los muertos en tumbas paganas de sus vecinos del sur.
Las técnicas de
joyería se extendieron, entrelanzando ornamentos de Bretaña e Irlanda.
La cruz de Minifieth, Angus (siglo VIII)
Image copyrightMuseo Nacional de Escocia
El
cristianismo unió todas las islas en una sola fe alrededor del año 650 d.C.
Y la diversidad de
la herencia artística de Gran Bretaña e Irlanda expresó esta nueva creencia.
Nuevas formas de
arte, como enormes cruces talladas en piedra y manuscritos iluminados con el
mismo tipo de diseño, se extendieron por distintos lugares de Europa.
Cabeza de báculo de St Fillan de Glendochart (siglo
XI)
Image copyrightMuseo Nacional de Escocia
Algunos
objetos decorativos sobrevivieron siglos después de haberse fabricado, muchos
de ellos gracias a las familias influenciables, que se convirtieron en los guardianes de estos tesoros sagrados,
así como de los mitos y tradiciones asociadas a ellos.1.000 años después de la
caída de Roma, la palabra celta vio reducido su uso.
Pero en el año
1.500 los académicos europeos redescubrieron los escritos celtas de los griegos
y romanos, y trataron de vincular estas historias a sus conocimientos en
arqueología, lenguaje y estilos artísticos.
Eran
tiempos de cambio, especialmente en la recientemente unida Gran Bretaña, que luchaba por reconciliar sus
divisiones lingüísticas, culturales y políticas.
El resurgimiento
de lo celta dio lugar a un poderoso sentido de identidad compartida, que
todavía abarca muchas de nuestras ideas sobre los celtas de hoy.
Alarico, el líder de los visigodos, llegó a amasar
una incalculable fortuna que, según expertos, se encuentra oculta en algún lugar de Cosenza, Italia.
En el año 410, a su mando, los
visigodos ingresaron a la ciudad de Roma y la saquearon por completo: el tesoro
más grande de la humanidad, que hoy equivaldría a 275.000 millones de euros, quedó
en manos del rey de los visigodos, y ese mismo año se lo llevó a la tumba.
El historiador Jordanes cuenta que, para la construcción de un sepulcro
que pudiera contener la inmensa fortuna de Alarico, fue necesario desviar temporalmente el curso de un río y cavar un
pozo del tamaño de una basílica. Usando como pretexto el valor
cultural y arqueológico de este tesoro, muchos a lo largo de la historia se han
lanzado a su búsqueda. Uno de
ellos fue nada más y nada menos que Adolf Hitler en 1937 el líder nazi
envió a Cosenza al jefe de la SS, pero
la misión resultó un fracaso.
Mario Occhiuto, actual alcalde de la provincia, propuso a las
autoridades italianas aprovechar los
avances de la tecnología para poder hallar finalmente las riquezas escondidas. Habiendo
detectado cinco posibles ubicaciones, se
realizarán profundos análisis del terreno a través de sondeos geomagnéticos y
microondas.
Los investigadores se muestran confiados: es posible que, en muy poco tiempo, se revele ante nuestros ojos el
tesoro más grande de la historia de la humanidad.